{"id":2498,"date":"2025-09-12T13:41:10","date_gmt":"2025-09-12T13:41:10","guid":{"rendered":"https:\/\/franciscogonzalez.com.ar\/escritos\/?p=2498"},"modified":"2025-09-12T13:43:52","modified_gmt":"2025-09-12T13:43:52","slug":"anatomia-de-la-incertidumbre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscogonzalez.com.ar\/escritos\/anatomia-de-la-incertidumbre\/","title":{"rendered":"10- Anatom\u00eda de la incertidumbre"},"content":{"rendered":"\n<p>Hace una semana que llegu\u00e9 y los d\u00edas me pasan por encima como <strong>agua fr\u00eda de r\u00edo<\/strong>. Cada amanecer es otra corriente: me lava lo viejo, me eriza lo que queda. Camino hacia el Mandalay y, al mismo tiempo, algo en m\u00ed retrocede: la <strong>espalda<\/strong> ya puede ir <strong>recta<\/strong>, pero el <strong>cerebro<\/strong> conserva la memoria del peso, como el <strong>dolor fantasma<\/strong> de una extremidad que ya no est\u00e1. Cuando me acuesto, el cuerpo descansa; cuando cierro los ojos, <strong>la mochila vuelve<\/strong> con sus tiras marcando surcos en los hombros.<\/p>\n\n\n\n<p>Con este cambio de aire la mente <strong>transmuta<\/strong> y aprende a <strong>aceptar<\/strong> lo que antes no pod\u00eda ni mirar. Descubro que las <strong>respuestas<\/strong> son apenas <strong>sat\u00e9lites<\/strong> de la <strong>duda<\/strong>: orbitan, iluminan un borde y se apagan. No todo merece autopsia. Mi viejo lo dijo cuando se fue la abuela: \u201cabrir el cuerpo no devuelve a nadie\u201d. Tard\u00e9 a\u00f1os en entenderlo. Ahora, con el <strong>no<\/strong> definitivo de <strong>M.<\/strong>, el silencio dej\u00f3 de ser cuchillo y se volvi\u00f3 <strong>contorno<\/strong>. Ella no vuelve; yo tampoco vuelvo a ese lugar. Lo que queda es el <strong>amor que dimos<\/strong>, sin tr\u00e1mite, sin inventario. Me era m\u00e1s f\u00e1cil vivir sin sentencia, amparado en el \u201cquiz\u00e1s\u201d; pero la <strong>incertidumbre cr\u00f3nica<\/strong> enferma: fermenta preguntas que no curan. El <strong>no<\/strong> limpia. Duele, pero <strong>limpia<\/strong>. Me deja de cara a <strong>la hoja en blanco<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>No dramatizo la \u00e9pica: <strong>yo tambi\u00e9n fall\u00e9<\/strong>. Desde el inicio, esa parte m\u00eda hipervigilante \u2014que anticipa derrumbes y toma nota de cada grieta\u2014 me ofreci\u00f3 un <strong>pron\u00f3stico de final<\/strong>. Aun as\u00ed, eleg\u00ed el amor, lo <strong>abraz\u00e9<\/strong> a conciencia del riesgo. En el trayecto me fui agotando: perd\u00ed <strong>piezas<\/strong> de m\u00ed, se me <strong>gastaron las reservas<\/strong>, repet\u00ed <strong>patrones familiares<\/strong> como quien recita una oraci\u00f3n vieja. Jugu\u00e9 al <strong>adulto perfecto<\/strong> sin serlo: proveedor, compa\u00f1ero, amante, amigo; cuantos m\u00e1s papeles actuaba, <strong>menos respiraba<\/strong>. Hoy no lo nombro derrota. Lo nombro <strong>lecci\u00f3n<\/strong>: no estaba listo y no haberlo estado <strong>no me quita la dignidad<\/strong>. Entender que una parte de mi mente sigue respondiendo como <strong>adolescente<\/strong> duele, pero <strong>desprograma<\/strong>. Si quiero avanzar, tengo que <strong>dejar de discutir<\/strong> con esa voz y <strong>empezar a guiarla<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Crecer por dentro no es una l\u00ednea recta: pide <strong>tiempo<\/strong>, <strong>pensamiento<\/strong> y <strong>escucha<\/strong> de mis versiones anteriores. Esas versiones no son enemigos: son <strong>centinelas asustados<\/strong>. Cuando las ignoro, tiran un ancla. Cuando las escucho, <strong>se calman<\/strong>. Hablando con mis viejos lo entend\u00ed: al nombrar mis miedos vi los <strong>de ellos<\/strong>; al poner mi historia sobre la mesa apareci\u00f3 tambi\u00e9n la <strong>historia de la casa<\/strong>. No era prisi\u00f3n: era <strong>gente cansada<\/strong> sosteniendo como pod\u00eda. Me hab\u00eda ido fabricando barrotes con <strong>frases heredadas<\/strong> y <strong>orgullo flaco<\/strong>. La iron\u00eda: esa celda me <strong>salv\u00f3<\/strong> cuando deb\u00eda; ahora me toca <strong>abrirla<\/strong> sin quemar el edificio.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi viejo, de nuevo, como <strong>pilar<\/strong>. No cambia su tono, cambia <strong>mi escucha<\/strong>. \u201cTranquilo. Todo llega cuando tiene que llegar.\u201d Esa agua golpea contra mi <strong>hielo interno<\/strong> y lo va rompiendo. Me falta aprender a <strong>desacelerar la ambici\u00f3n<\/strong>, a <strong>relajar el ce\u00f1o<\/strong>, a <strong>mirar el paisaje<\/strong> del campo de batalla sin creer que cada \u00e1rbol es un enemigo. Pas\u00e9 meses tirando de la carreta como <strong>animal primitivo<\/strong>: sudor, sangre, dientes apretados, <strong>zumbido detr\u00e1s de las orejas<\/strong>. Ahora vuelvo a <strong>navegar<\/strong> mi barco, pero no voy solo: <strong>familia<\/strong>, <strong>amigos<\/strong>, <strong>yoes<\/strong> que antes exili\u00e9 se suben y traen provisiones simples: <strong>paz<\/strong> como <strong>maestro<\/strong>, <strong>serenidad<\/strong> como <strong>gu\u00eda<\/strong>. Son compa\u00f1\u00edas exigentes: aparecen solo cuando <strong>estoy en condiciones de o\u00edrlas<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuerpo toma nota de este cambio. Anoto lo concreto porque me ancla:<br>\u2014 <strong>Mand\u00edbula<\/strong> m\u00e1s suelta al despertar.<br>\u2014 <strong>Respiraci\u00f3n<\/strong> m\u00e1s honda cuando camino a la tardecita, cuatro tiempos por la nariz, cuatro por la boca.<br>\u2014 <strong>Espalda<\/strong> apoyada en el respaldo sin pedir perd\u00f3n.<br>\u2014 <strong>Cigarro<\/strong> de cuatro minutos que ahora no es escondite sino <strong>metr\u00f3nomo<\/strong>: marca compases para que el pensamiento no se dispare.<br>\u2014 <strong>Sue\u00f1o<\/strong> que llega menos sucio.<\/p>\n\n\n\n<p>Las respuestas\u2026 qu\u00e9 palabra grande. Hay preguntas que se <strong>contestan viviendo<\/strong>. No necesito saber \u201cpor qu\u00e9\u201d a toda costa: el <strong>para qu\u00e9<\/strong> se parece m\u00e1s a un camino. El <strong>no<\/strong> de ella, por ejemplo, no es sentencia de fracaso: es <strong>puerta que se cierra<\/strong> para que el aire deje de tirar. Con la puerta cerrada puedo <strong>barrer la casa<\/strong>: sacar <strong>culpas<\/strong>, <strong>man\u00edas<\/strong>, <strong>actuaciones<\/strong>. Limpiar hasta que el piso vuelva a ser piso y no una maqueta de mi ego.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces, todav\u00eda, me asalta la <strong>mala m\u00fasica<\/strong>: \u00bfy si\u2026? \u00bfy si\u2026? La cabeza arma <strong>loops<\/strong> perfectos. Reconozco el patr\u00f3n: me acuesto boca arriba, <strong>miro el techo<\/strong>, siento el cosquilleo en los <strong>antebrazos<\/strong> y la <strong>taquicardia educada<\/strong> que no llega a p\u00e1nico pero avisa. Ah\u00ed vuelvo al <strong>protocolo simple<\/strong>: agua fr\u00eda en la nuca, <strong>ventana entreabierta<\/strong>, <strong>tres p\u00e1ginas<\/strong> manuscritas sin filtro, caminar dos cuadras aunque haga fr\u00edo, <strong>un mate amargo<\/strong> para que la lengua recuerde el mundo. No busco iluminar nada. Busco <strong>descender del pensamiento<\/strong> al <strong>cuerpo<\/strong>. El cuerpo sabe aterrizar.<\/p>\n\n\n\n<p>El pasado, para esta parte, <strong>no sirve de herramienta<\/strong>: sirve de <strong>motivo<\/strong>. Me recuerda por qu\u00e9 vale la pena <strong>no soltarme<\/strong> cuando la marea me quiere. Me recuerda que <strong>ya estuve<\/strong> en la noche y <strong>sal\u00ed<\/strong>. Me recuerda que cada vez que eleg\u00ed <strong>verdad<\/strong> por sobre <strong>fantas\u00eda<\/strong>, el costo fue alto pero la <strong>respiraci\u00f3n<\/strong> mejor\u00f3. Me enfrento a la <strong>barrera invisible<\/strong> \u2014esa que no deja pasar\u2014 y, en lugar de embestirla, <strong>le hablo<\/strong>: \u201cSoy yo. Vengo sin casco. No te voy a borrar. Ven\u00ed conmigo\u201d. A veces se despeja un metro; a veces nada. Aun as\u00ed, camino.<\/p>\n\n\n\n<p>No espero que la vida me pida <strong>menos<\/strong>: espero llegar con <strong>otra musculatura<\/strong>. Ya no quiero armaduras brillantes; quiero <strong>piel resistente<\/strong>. Ya no quiero respuestas de manual; quiero <strong>criterio<\/strong>. Ya no quiero promesas de eternidad; quiero <strong>presentes habitables<\/strong>. Si el Mandalay existe, hoy lo entiendo como <strong>modo de estar<\/strong>: espalda libre, cabeza clara, afectos cerca, trabajo honesto, <strong>silencio respirable<\/strong>. No hay himno. Hay <strong>ritmo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta semana aprend\u00ed a <strong>perder bien<\/strong>. No con resignaci\u00f3n\u2014con <strong>decoro<\/strong>. Perder lo que no vuelve, <strong>devolver<\/strong> lo que no me pertenece, <strong>recuperar<\/strong> lo que s\u00ed: mi nombre dicho por m\u00ed, mi tiempo a ritmo humano, mi fe en lo construido <strong>sin espect\u00e1culo<\/strong>. En la noche, cuando todos duermen, salgo al <strong>patio<\/strong>, me siento y dejo que el <strong>fr\u00edo<\/strong> me cuente la <strong>verdad del d\u00eda<\/strong>. Hay menos ruido. El humo sube <strong>vertical<\/strong>, como si tambi\u00e9n hubiera decidido <strong>dejar de fingir<\/strong>. Y yo, que durante a\u00f1os necesit\u00e9 autopsias para sentir control, hoy cierro los ojos y acepto el <strong>dictamen m\u00e1s sensato<\/strong>: <strong>no todo se explica; todo se atraviesa<\/strong>.M. no vuelve. Yo no vuelvo a ese yo que ped\u00eda milagros. Camino con <strong>duda \u00fatil<\/strong>, <strong>amor sobrio<\/strong> y una voluntad <strong>sin gritos<\/strong>. La hoja en blanco espera. Ya no desaf\u00eda; <strong>invita<\/strong>. Tomo aire. Escribo la primera l\u00ednea, sabiendo que la respuesta no est\u00e1 en la tinta sino en la <strong>forma en que sostengo la pluma<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace una semana que llegu\u00e9 y los d\u00edas me pasan por encima como agua fr\u00eda de r\u00edo. Cada amanecer es otra corriente: me lava lo viejo, me eriza lo que queda. 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